Resulta que en un montón de maremotos, terremotos y otros fenómenos geológicos y meteorológicos de la historia, se ha dado el hecho de que los animales presentían de alguna manera, y desde varias horas antes, lo que iba a pasar.
Todos los animales con libertad de movimiento, huían hacia el lado opuesto a donde iba a ocurrir la catástrofe y casi no murieron animales no domésticos cuando llegaron los "malos momentos".
Los animales en cautiverio, se ponían muy alterados cuando se acercaban los fenómenos. Los humanos que estaban cerca de ellos, no comprendían qué les pasaba, no sabían lo que iba a pasar, y muchos de ellos murieron junto a sus animales.
Es una especie de sexto sentido para muchas personas. Algunos expertos, lo basan en cierta perceptibilidad extra-sensible. Por ejemplo, los elefantes tienen la planta de los pies (¿se les llama "pies" en los elefantes?) tan sensible, que son capaces de sentir vibraciones que se producen a varios cientos de kilómetros. Se sabe de varios elefantes que en el tsunami de 2005 (desde entonces tod@s llamamos "tsunamis" a los maremotos o seísmos en el fondo del mar), no querían ir hacia la costa por mucho que sus dueñ@s se empeñaran en llevarlos hasta allí (por suerte para sus dueñ@s, los elefantes tienen tal tamaño que cualquiera consigue moverlos a donde no quieren... ¡imposible!).
Como este ejemplo de los elefantes, podría describir otros muchos de otros animales. En cierto modo es impresionante. Oyes estas cosas y un@ se siente un poco inútil como ser humano.
Hace poco, también oí la historia de un gato que era un poco impactante. El gato en cuestión, era un gato callejero que, una vez "adoptado" por l@s enfermer@s de la residencia de la tercera edad por la que merodeaba, se dieron cuenta de que, un par de horas antes de que un(una) ancian@ muriera, se iba a su habitación y se tumbaba a los pies de su cama. Espero que a l@s ancian@s en cuestión les gustara la compañía felina en sus dos últimas horas de vida o, aún mejor, espero que no conocieran la historia del gato o que no fueran conscientes de que el gato les estaba acompañando en la "recta final". ¡Ah!, una cosa, el gato no era negro, ¡eh! (que luego hay gente como "MariReto" que, por culpa de la superstición, le tiene especial cariño a l@s gat@s negr@s... una especie de compasión por el(la) marginad@).
Y es que, a veces, sería preferible tener menos racionalidad y un poco más de algún que otro "sexto sentido". Si no para huir de catástrofes naturales, al menos sí para poder escapar de algunas catástrofes personales. Porque sí que es verdad que algunas personas tienen (y a veces, "tenemos") una especie de intuición que les(nos) prepara un poco para lo que se avecina. Lo que ocurre, es que pocas veces somos como esos animales con libertad de movimiento que son capaces de huir hacia el lado opuesto, y la mayoría de las veces somos esos animales que están atados con una correa en la puerta de algunas casas o tienen una valla alrededor que les impide salir corriendo. Pocas veces nos damos cuenta de que nos emiten una señal, como la presencia del gato de la residencia, o si nos damos cuenta, no queremos reconocer las señales de aviso por no enfrentarnos a las cosas antes de que ocurran.
Supongo que ciertas cosas no se pueden aprender, como las intuiciones y los presentimientos (y menos aún de una especie animal diferente a la humana), pero deberíamos estar más atent@s a ciertos comportamientos o caracteres, que algunos merecerían la pena que los imitáramos (la independencia de l@s gat@s, la lealtad de l@s perr@s, la nobleza de los caballos (y de las yeguas), la fidelidad entre ciertas aves, etc).
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