Ayúdame a intentar explicarte qué se pasea por mi interior en esos días en los que no me atrevo a ponerle voz a mis pensamientos.
Ayúdame a dibujar el reflejo de mis sentimientos que yo no sé darles el color apropiado y temo crear un cuadro que no signifique nada.
Ayúdame a pronunciar mis temores para poder escapar de ellos, que sabiendo de dónde viene su voz podré hacerles frente o alejarme de los que no tengan remedio.
Ayúdame a encontrar la seguridad que a veces parece estar fuera de mi campo de visión. A veces siento que he perdido la seguridad que me ayuda a dar un paso al frente y necesito recuperarla.
Ayúdame a recordar qué me hace disfrutar de un día que comienza y qué me hace sonreír cuando el día está acabando.
Ayúdame a explorar lo que hay en mí para poder dar el valor que se merece lo bueno y para que pueda cambiar lo malo.
Ayúdame a reconocerme a mí misma cuando algo de mi Yo salga para mostrarse al mundo que me observa.
Ayúdame a no sentirme egoísta por querer que no dejes de admirar lo que algún día admiraste en mí.
Ayúdame a comprender que alguien puede quererme sólo por ser quien soy, sin esperar que mi Yo se haga aún más grande o sin desear que pierda alguna parte de ese Yo.
Ayúdame, si quieres, que hasta ahora lo he intentado sola y ahora siento que tengo una mano en la que me puedo apoyar, y eso me alivia.
Hay historias que es mejor vivirlas en otro momento; ya sea antes, después o nunca.
23.4.07
Gente conectada

Por una mirada, por una sonrisa, por una lectura profunda de nuestro interior, porque la vida alguna vez les puso una frente a la otra... Hay personas que están conectadas, sin necesidad de un abrazo, sin necesidad de entrar en contacto físico, porque la conexión es algo más que la unión de dos pieles, porque es algo más que sentir que ocupamos un espacio material, porque verse, entenderse, valorarse, admirarse, quererse... es mucho más.
22.4.07
Entre el miedo y la valentía
Muchas veces me he preguntado qué hay entre el miedo y la valentía. Más bien, me he preguntado qué te hace tener una actitud cobarde o valiente.
La seguridad.
Por ejemplo, una madre, con su hij@, ve que tiene cerca a una persona que parece tener intención de herirles y su instinto materno de protección, le da la suficiente seguridad como para coger a su niñ@ y correr sacando fuerzas de donde no las hay.
Sin irse al caso extremo de un ataque a la integridad física, cuando tememos decir a alguien algo, si tenemos la seguridad de que la otra persona te va a saber escuchar (o que te va a dejar explicarte), se lo acabamos diciendo.
Si queremos compartir algo con alguien, ya sea algo tan vasto como la vida o algo tan puntual como un viaje (por ejemplo), si tenemos la seguridad de que la experiencia nos va a resultar gratificante, nos lanzamos.
Si a la hora de exponer nuestras preocupaciones o nuestras maneras de entender aspectos de la vida, tenemos la seguridad de que no nos vamos a encontrar con el rechazo, lo hablamos, lo exponemos sin sentir que nos estamos lanzando a un precipicio bajo el cual no estamos segur@s de lo que hay.
Muchas personas no necesitan tener estos tipos de seguridades. Hacen lo que les pide el cuerpo o lo que les dicta el corazón. Entiendo que para este tipo de personas, la seguridad que les hace moverse, es la de saber que, frente a un rechazo, una decepción del otro, o una opinión totalmente en contra, son capaces de levantarse de nuevo (y a veces con mayor fuerza). Algun@s necesitan haberse visto en estas situaciones para que la experiencia les ayude a saber que son capaces de recuperarse, otr@s, desde el primer batacazo, se encuentran con la fuerza que tienen dentro sin impresionarse, sin dejarse asustar por su propia seguridad.
El crecimiento personal de cada un@ nos va definiendo. Va marcando los pasos futuros que daremos y va desviando el camino que seguimos según nos adentramos en nuestro interior. Hay quien se encuentra al principio de este camino y le queda mucho por recorrer. En contra, hay quien recorre su propio camino varias veces a lo largo de su vida. Unas veces en línea recta, sin encontrarse con nada que le detenga. Otras, se encuentran con desvíos que les proporcionan el tener que elegir entre desviarse para toparse con cosas nuevas (que pueden hacerles bien o mal) o seguir por la vía fácil y ya conocida. De estos desvíos se puede volver sin perderse o se puede quedar un@ atrapad@ hasta que se encuentre a alguien o algo que les haga volver (una reflexión, una conversación, un reencuentro...).
He conocido personas con un claro temor a profundizar en su propio yo. Se quedan en la superficie porque, en el fondo, saben que lo que pueden encontrarse en su interior, no tiene ningún orden ni explicación. No se atreven a enfrentarse al puzle de sentimientos y pensamientos por miedo a ser incapaces de encontrar las dos primeras piezas que encajen y que ayuden a encajar las restantes piezas. Otras no se atreven por la imagen final que les devuelva el puzle ya montado. Volviendo a la seguridad, si estuviéramos segur@s de que la imagen de nuestro puzle nos gusta y refleja lo que creemos ser, nos detendríamos a formarlo. O bien, si estuviéramos seguros de que, si no nos gusta lo que vemos, somos capaces de cambiarlo hasta ver algo que realmente nos refleja, nos identifica, lo haríamos sin temor.
Enfrentarse a los miedos, adquirir valentías, buscar seguridad, sentirse bien, conocerse, valorarnos, profundizar... conceptos complejos, humanos, necesarios...
La seguridad.
Por ejemplo, una madre, con su hij@, ve que tiene cerca a una persona que parece tener intención de herirles y su instinto materno de protección, le da la suficiente seguridad como para coger a su niñ@ y correr sacando fuerzas de donde no las hay.
Sin irse al caso extremo de un ataque a la integridad física, cuando tememos decir a alguien algo, si tenemos la seguridad de que la otra persona te va a saber escuchar (o que te va a dejar explicarte), se lo acabamos diciendo.
Si queremos compartir algo con alguien, ya sea algo tan vasto como la vida o algo tan puntual como un viaje (por ejemplo), si tenemos la seguridad de que la experiencia nos va a resultar gratificante, nos lanzamos.
Si a la hora de exponer nuestras preocupaciones o nuestras maneras de entender aspectos de la vida, tenemos la seguridad de que no nos vamos a encontrar con el rechazo, lo hablamos, lo exponemos sin sentir que nos estamos lanzando a un precipicio bajo el cual no estamos segur@s de lo que hay.
Muchas personas no necesitan tener estos tipos de seguridades. Hacen lo que les pide el cuerpo o lo que les dicta el corazón. Entiendo que para este tipo de personas, la seguridad que les hace moverse, es la de saber que, frente a un rechazo, una decepción del otro, o una opinión totalmente en contra, son capaces de levantarse de nuevo (y a veces con mayor fuerza). Algun@s necesitan haberse visto en estas situaciones para que la experiencia les ayude a saber que son capaces de recuperarse, otr@s, desde el primer batacazo, se encuentran con la fuerza que tienen dentro sin impresionarse, sin dejarse asustar por su propia seguridad.
El crecimiento personal de cada un@ nos va definiendo. Va marcando los pasos futuros que daremos y va desviando el camino que seguimos según nos adentramos en nuestro interior. Hay quien se encuentra al principio de este camino y le queda mucho por recorrer. En contra, hay quien recorre su propio camino varias veces a lo largo de su vida. Unas veces en línea recta, sin encontrarse con nada que le detenga. Otras, se encuentran con desvíos que les proporcionan el tener que elegir entre desviarse para toparse con cosas nuevas (que pueden hacerles bien o mal) o seguir por la vía fácil y ya conocida. De estos desvíos se puede volver sin perderse o se puede quedar un@ atrapad@ hasta que se encuentre a alguien o algo que les haga volver (una reflexión, una conversación, un reencuentro...).
He conocido personas con un claro temor a profundizar en su propio yo. Se quedan en la superficie porque, en el fondo, saben que lo que pueden encontrarse en su interior, no tiene ningún orden ni explicación. No se atreven a enfrentarse al puzle de sentimientos y pensamientos por miedo a ser incapaces de encontrar las dos primeras piezas que encajen y que ayuden a encajar las restantes piezas. Otras no se atreven por la imagen final que les devuelva el puzle ya montado. Volviendo a la seguridad, si estuviéramos segur@s de que la imagen de nuestro puzle nos gusta y refleja lo que creemos ser, nos detendríamos a formarlo. O bien, si estuviéramos seguros de que, si no nos gusta lo que vemos, somos capaces de cambiarlo hasta ver algo que realmente nos refleja, nos identifica, lo haríamos sin temor.
Enfrentarse a los miedos, adquirir valentías, buscar seguridad, sentirse bien, conocerse, valorarnos, profundizar... conceptos complejos, humanos, necesarios...
17.4.07
Mis sentidos
Algún día llegará ese momento en el que aprovecharé para detenerme ante mis sentidos para dejarles transmitir lo que cada uno tenga que decirme.
Escucharé, estaré atenta, y sentiré cómo mi olfato trae a mi memoria a toda aquella gente que me dejó su aroma impregnado en mi ropa, en mis sábanas, en mi armario y en mi propia piel. Mi olfato me contará dulcemente cómo registró cada perfume que sintió que se mezclaba con el mío. Me dirá cómo hizo para que se me grabara ese olor a tostada recién hecha que me preparaba mi tía; me contará cómo hizo para que se quede perpétuo en mí el olor que tenía mi padre; me desvelará el secreto de cómo retuvo para mí el olor de cada casa que he visitado y en la que me he sentido como en mi propia casa. Y yo le pediré que le enseñe a mi oído cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.
Entonces, mi oído me contará cómo oí por primera vez la voz de mi madre; me explicará cómo aprendí a interpretar el estado de ánimo de una voz que me habla; recordará, dulcemente, cómo fue cada una de las primeras palabras de mis sobrinos. Me explicará por qué unas voces me hacen vibrar y otras me crispan; me hará temblar de emoción cuando me recuerde cómo sonó cada "Te quiero" que me llegó muy adentro. Me desvelará las razones de por qué una voz acompañada de una mirada puede hacerme huir o desear acercarme a la dueña (o al dueño) de esos ojos. Y yo le pediré que le enseñe a la vista cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a ella.
Y mi vista, obediente, me recordará cada vez que me alegró ver un arcoiris intocable, inalcanzable; me hará recordar cada amanecer que me hizo esperanzarme por el nuevo día, y cada atardecer que me hizo entristecer por el final del día o alegrarme por el fin de la tarde y la llegada de la noche; me evocará a la memoria cada luna llena que he podido compartir aun en la distancia. Me explicará cómo consigue que distinga los colores de cada estación del año; me explicará porqué ver a algunas personas hace que se agranden mis pupilas; me explicará por qué me excita ver ciertos cuerpos desnudos y por qué hay cuerpos que deseo ver una y otra vez. Y yo le pediré que le enseñe a mi tacto cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.
Y mi tacto, nervioso, intentará explicar los sentimientos que ha aprendido a hacerme sentir. Me contará cómo, de pequeña, buscaba la mano de mi madre para sentirme segura; cómo hallaba la tranquilidad para dormir sintiendo la piel de mi padre cuando me mecía sobre él sentando en la mecedora; cómo sentí una piel que no fuera la mía como si la estuviera sintiendo desde siempre. Me explicará cómo aprendí a diferenciar entre lo suave y lo áspero; me explicará por qué he sentido el rechazo de una piel cuy@ dueñ@ podría herirme; me explicará cómo puedo imaginar el placer que provoca el roce de mi piel en otro cuerpo; me explicará por qué no puedo evitar el deseo del contacto de mis manos con otras manos. Me dirá, dulcemente, quienes son l@s dueñ@s de las pieles que me han emocionado con su propio tacto. Y yo le pediré que le enseñe a mi gusto cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.
El gusto, sumergido en mi paladar y presente en mi boca, me hará recordar el sabor de aquella leche materna que me hizo crecer los primeros meses de mi vida; me hará recordar cómo iba aceptando los nuevos sabores de comida que me hicieron crecer en mi infancia y de adolescente, los sabores de las comidas que han hecho disfrutar o engordar de mayor. Me explicará por qué mi primer beso me supo como me supo; me explicará por qué saborear una boca me produce una sensación diferente que saborear otra distinta; me explicará por qué hay cuerpos que quiero saborear y otros que me provocan rechazo. Me contará cuál fue el día en el que elegí el dulce en lugar del salado; me contará por qué he tenido días en los que nada me sabía bien. Me dirá, dulcemente, qué labios querré saborear para siempre y qué sabores querré descubrir en el cuerpo dueño de esos labios.
Y cuando todos mis sentidos se hayan descubierto ante mí, volveré a detenerme para volver a escucharlos, para que vuelvan a mi todas las sensaciones que cada uno de ellos despiertan en mí.
Escucharé, estaré atenta, y sentiré cómo mi olfato trae a mi memoria a toda aquella gente que me dejó su aroma impregnado en mi ropa, en mis sábanas, en mi armario y en mi propia piel. Mi olfato me contará dulcemente cómo registró cada perfume que sintió que se mezclaba con el mío. Me dirá cómo hizo para que se me grabara ese olor a tostada recién hecha que me preparaba mi tía; me contará cómo hizo para que se quede perpétuo en mí el olor que tenía mi padre; me desvelará el secreto de cómo retuvo para mí el olor de cada casa que he visitado y en la que me he sentido como en mi propia casa. Y yo le pediré que le enseñe a mi oído cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.
Entonces, mi oído me contará cómo oí por primera vez la voz de mi madre; me explicará cómo aprendí a interpretar el estado de ánimo de una voz que me habla; recordará, dulcemente, cómo fue cada una de las primeras palabras de mis sobrinos. Me explicará por qué unas voces me hacen vibrar y otras me crispan; me hará temblar de emoción cuando me recuerde cómo sonó cada "Te quiero" que me llegó muy adentro. Me desvelará las razones de por qué una voz acompañada de una mirada puede hacerme huir o desear acercarme a la dueña (o al dueño) de esos ojos. Y yo le pediré que le enseñe a la vista cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a ella.
Y mi vista, obediente, me recordará cada vez que me alegró ver un arcoiris intocable, inalcanzable; me hará recordar cada amanecer que me hizo esperanzarme por el nuevo día, y cada atardecer que me hizo entristecer por el final del día o alegrarme por el fin de la tarde y la llegada de la noche; me evocará a la memoria cada luna llena que he podido compartir aun en la distancia. Me explicará cómo consigue que distinga los colores de cada estación del año; me explicará porqué ver a algunas personas hace que se agranden mis pupilas; me explicará por qué me excita ver ciertos cuerpos desnudos y por qué hay cuerpos que deseo ver una y otra vez. Y yo le pediré que le enseñe a mi tacto cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.
Y mi tacto, nervioso, intentará explicar los sentimientos que ha aprendido a hacerme sentir. Me contará cómo, de pequeña, buscaba la mano de mi madre para sentirme segura; cómo hallaba la tranquilidad para dormir sintiendo la piel de mi padre cuando me mecía sobre él sentando en la mecedora; cómo sentí una piel que no fuera la mía como si la estuviera sintiendo desde siempre. Me explicará cómo aprendí a diferenciar entre lo suave y lo áspero; me explicará por qué he sentido el rechazo de una piel cuy@ dueñ@ podría herirme; me explicará cómo puedo imaginar el placer que provoca el roce de mi piel en otro cuerpo; me explicará por qué no puedo evitar el deseo del contacto de mis manos con otras manos. Me dirá, dulcemente, quienes son l@s dueñ@s de las pieles que me han emocionado con su propio tacto. Y yo le pediré que le enseñe a mi gusto cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.
El gusto, sumergido en mi paladar y presente en mi boca, me hará recordar el sabor de aquella leche materna que me hizo crecer los primeros meses de mi vida; me hará recordar cómo iba aceptando los nuevos sabores de comida que me hicieron crecer en mi infancia y de adolescente, los sabores de las comidas que han hecho disfrutar o engordar de mayor. Me explicará por qué mi primer beso me supo como me supo; me explicará por qué saborear una boca me produce una sensación diferente que saborear otra distinta; me explicará por qué hay cuerpos que quiero saborear y otros que me provocan rechazo. Me contará cuál fue el día en el que elegí el dulce en lugar del salado; me contará por qué he tenido días en los que nada me sabía bien. Me dirá, dulcemente, qué labios querré saborear para siempre y qué sabores querré descubrir en el cuerpo dueño de esos labios.
Y cuando todos mis sentidos se hayan descubierto ante mí, volveré a detenerme para volver a escucharlos, para que vuelvan a mi todas las sensaciones que cada uno de ellos despiertan en mí.
¡Qué día más malo!
Hoy, que no puedo evitar conectar algunos pensamientos con que es 17 de mes y con un "9m" que se me viene a la cabeza más de una vez, ha sido (está siendo) uno de esos días en los que preferiría haber tenido una pausa en plan "hoy-no-me-tengo-que-levantar". De esos días en los que los males "de cap" (de cabeza) se convierten en algo físico, en una especie de angustia que te invita a esconderte bajo unas sábanas o bajo el abrazo de alguien a quien quieres.
Pero ni hay esa liberación de la angustia que tan bien me sentaría, ni hay ese abrazo bajo el que protegerse. Y llega un momento, en el que hasta te sientes como cuando tienes fiebre alta que te impide pensar claramente, como si hubiera mezclado algún medicamento con alcohol.
Me voy camino a casa en búsqueda de salir de este lugar donde ha habido tanto silencio durante el día, que pesa toneladas sobre los hombros. Pero en casa no encontraré reposos, sólo encontraré las prisas con las que volver a este silencioso y tenso lugar.
Esta tarde será otro momento, esta tarde será otra fase del día de hoy... esta tarde, más silencio, más tensión, más hastío, más... más... más...
¡Qué día este!...
Pero ni hay esa liberación de la angustia que tan bien me sentaría, ni hay ese abrazo bajo el que protegerse. Y llega un momento, en el que hasta te sientes como cuando tienes fiebre alta que te impide pensar claramente, como si hubiera mezclado algún medicamento con alcohol.
Me voy camino a casa en búsqueda de salir de este lugar donde ha habido tanto silencio durante el día, que pesa toneladas sobre los hombros. Pero en casa no encontraré reposos, sólo encontraré las prisas con las que volver a este silencioso y tenso lugar.
Esta tarde será otro momento, esta tarde será otra fase del día de hoy... esta tarde, más silencio, más tensión, más hastío, más... más... más...
¡Qué día este!...
14.4.07
Que no te dejen hablar
Anoche, durante uno de mis desvelos, leí un mensaje en un foro en el que, la autora, agradecía la existencia del foro y el buen comportamiento de las foreras (la verdad es que casi nunca se leen en ese foro mensajes que puedan ofender y, tal como está el patio, esto es de agradecer). La autora decía también que agradecía poder escribir y no sentirse vulnerable (de algún modo) por el hecho de que no le conocía nadie y se podía expresar sin sentir que estaban buscando la forma de hacerle daño. Y decía que, seguramente, siempre resulta más fácil escribir que hablar.
Y es que, hay ocasiones en las que, aunque un@ quiera, no te dejan hablar. Si ya eres de las personas a las que les cuesta hablar, si encima te encuentras con alguien que no te da la oportunidad de hacerlo, la frustración es mayor. Quieres expresarte, explicarte, desahogarte, tranquilizarte o, simplemente, dejar que las palabras salgan de tu interior para verlo todo de otra forma y, de repente, te encuentras con que no están dispuest@s a escucharte.
Por lo que he vivido en alguna ocasión, a veces no te dejan hablar para evitar que digas algo de lo que puedas arrepentirte, o bien porque el tema está demasiado "en caliente" y es preferible dejarlo enfriar, o bien porque el tema requiera un esfuerzo de reflexión que están segur@s que no has hecho. Cuando el tema se ha enfriado y/o has reflexionado, sueles agradecer el tiempo que te han regalado no dejándote hablar.
Pero cuando no te dejan hablar porque, simplemente, no quieren oír lo que les tienes que decir, te dejan con la sensación de que no respetan tu necesidad de decir algo (ya sea bueno o malo, porque también hay gente que no quiere oír cosas buenas por miedo a no poder responder con algo igual de bueno o aún mejor).
Toda esta parrafada parafilosófica que acabo de soltar, viene a raiz de una discusión de pareja que acabo de presenciar. Él se ha levantado de la mesa pretendiendo zanjar un tema que parecía estar harto de discutir. Ella se ha levantado pronunciando un "¡¿No me dejas hablar?!" y se ha ido con un cabreo y una indignación mucho mayores que los que le provocaba el asunto por el que discutían.
Anoche hablaba con "MariReto" que la traición y la decepción son los dos sentimientos que más cuestan superar, asumir y olvidar. Añado a la lista el sentimiento de frustración.
Y es que, hay ocasiones en las que, aunque un@ quiera, no te dejan hablar. Si ya eres de las personas a las que les cuesta hablar, si encima te encuentras con alguien que no te da la oportunidad de hacerlo, la frustración es mayor. Quieres expresarte, explicarte, desahogarte, tranquilizarte o, simplemente, dejar que las palabras salgan de tu interior para verlo todo de otra forma y, de repente, te encuentras con que no están dispuest@s a escucharte.
Por lo que he vivido en alguna ocasión, a veces no te dejan hablar para evitar que digas algo de lo que puedas arrepentirte, o bien porque el tema está demasiado "en caliente" y es preferible dejarlo enfriar, o bien porque el tema requiera un esfuerzo de reflexión que están segur@s que no has hecho. Cuando el tema se ha enfriado y/o has reflexionado, sueles agradecer el tiempo que te han regalado no dejándote hablar.
Pero cuando no te dejan hablar porque, simplemente, no quieren oír lo que les tienes que decir, te dejan con la sensación de que no respetan tu necesidad de decir algo (ya sea bueno o malo, porque también hay gente que no quiere oír cosas buenas por miedo a no poder responder con algo igual de bueno o aún mejor).
Toda esta parrafada parafilosófica que acabo de soltar, viene a raiz de una discusión de pareja que acabo de presenciar. Él se ha levantado de la mesa pretendiendo zanjar un tema que parecía estar harto de discutir. Ella se ha levantado pronunciando un "¡¿No me dejas hablar?!" y se ha ido con un cabreo y una indignación mucho mayores que los que le provocaba el asunto por el que discutían.
Anoche hablaba con "MariReto" que la traición y la decepción son los dos sentimientos que más cuestan superar, asumir y olvidar. Añado a la lista el sentimiento de frustración.
Sigo despierta
Hay muchas noches en mi vida (sobre todo en los últimos años) en los que todo mi entorno está dormido y yo sigo despierta.
Intento seguir el camino que me lleva a la profundidad del sueño y me tropiezo con el impedimento de seguir adelante.
Unas veces, el impedimento con el que me encuentro es la sensación de que me he dejado algo por hacer en el día que acaba de terminar. Unos días, lo que se me ha quedado pendiente, es darle (a Ella) las buenas noches; otros días, se me queda pendiente hablar con alguien con quien me hubiera gustado hablar (Ella, algún (alguna) amig@,...); otros, preparar algo para mi trabajo, para mis asuntos personales, para mis responsabilidades como hija, etc.
Otras veces, el impedimento es que tengo algún temor por lo que pueda encontrarme al despertar. Unos días, temo encontrarme con un proyecto complicado o laborioso en "DesO"; otros días, temo encontrarme con una conversación complicada con alguien (con "ElHijoDelMegaBoss", con alguien que tenga algún problema derivado de algo que yo haya hecho mal (o de algo que yo debería haber hecho y no he hecho), con algún cliente insatisfecho, etc); otros, temos verme de vuelta de algún lugar (de "DondeEllaVive", de un lugar donde haya estado muy a gusto, etc).
Algunas otras veces, el impedimento es el desorden de mis pensamientos. Unos días, siento que debo ordenar mis pensamientos sobre cómo cambiar de trabajo, o sobre cómo evitar que me agobien ciertas situaciones familiares en las que estoy inmersa, o sobre cómo mantener la compostura ante ciertos comportamientos ajenos (esta palabra, "ajenos", se la dedico a "MariReto") a los míos.
A veces, cuando sigo despierta y mi entorno está durmiendo, me gustaría compartir mi desvelo con alguien. Si alguien guardara mis sueños por mí, le pediría que me los fuera devolviendo poco a poco. Le pediría que me dejara vivir esos sueños para intentar llevarlos a la realidad y dejar de temer encontrarme con ellos mientras duermo... porque a veces también temo soñar y sentir, al despertar, que lo que pasó por mi cabeza mientras dormía, nunca pasará por mi vida, la real, la que sufro y/o disfruto cuando sigo despierta...
Intento seguir el camino que me lleva a la profundidad del sueño y me tropiezo con el impedimento de seguir adelante.
Unas veces, el impedimento con el que me encuentro es la sensación de que me he dejado algo por hacer en el día que acaba de terminar. Unos días, lo que se me ha quedado pendiente, es darle (a Ella) las buenas noches; otros días, se me queda pendiente hablar con alguien con quien me hubiera gustado hablar (Ella, algún (alguna) amig@,...); otros, preparar algo para mi trabajo, para mis asuntos personales, para mis responsabilidades como hija, etc.
Otras veces, el impedimento es que tengo algún temor por lo que pueda encontrarme al despertar. Unos días, temo encontrarme con un proyecto complicado o laborioso en "DesO"; otros días, temo encontrarme con una conversación complicada con alguien (con "ElHijoDelMegaBoss", con alguien que tenga algún problema derivado de algo que yo haya hecho mal (o de algo que yo debería haber hecho y no he hecho), con algún cliente insatisfecho, etc); otros, temos verme de vuelta de algún lugar (de "DondeEllaVive", de un lugar donde haya estado muy a gusto, etc).
Algunas otras veces, el impedimento es el desorden de mis pensamientos. Unos días, siento que debo ordenar mis pensamientos sobre cómo cambiar de trabajo, o sobre cómo evitar que me agobien ciertas situaciones familiares en las que estoy inmersa, o sobre cómo mantener la compostura ante ciertos comportamientos ajenos (esta palabra, "ajenos", se la dedico a "MariReto") a los míos.
A veces, cuando sigo despierta y mi entorno está durmiendo, me gustaría compartir mi desvelo con alguien. Si alguien guardara mis sueños por mí, le pediría que me los fuera devolviendo poco a poco. Le pediría que me dejara vivir esos sueños para intentar llevarlos a la realidad y dejar de temer encontrarme con ellos mientras duermo... porque a veces también temo soñar y sentir, al despertar, que lo que pasó por mi cabeza mientras dormía, nunca pasará por mi vida, la real, la que sufro y/o disfruto cuando sigo despierta...
12.4.07
Para ver y escuchar - MUY BUENO -
Así como dudo de que el anuncio del Audi que está "copiando" esté grabado "en real", esto tiene toda la pinta de estar hecho de forma auténtica.
MUY CHULO.
10.4.07
De vuelta, malita y con el humor "regular"
Se acabaron las vacaciones de Semana Santa.
Confieso que aproveché un error cometido por "LaHijaDelMegaBoss" (la chiquilla se entusiasmó diciendo que no trabajábamos el jueves 5, que se lo había dicho su tete, y luego resultó que sí se trabajaba), para hacer creer a la cúpula de "DesO" que había adelantado mi viaje por lo que la chiquilla había dicho (por supuesto, me ofrecí a cambiar de nuevo la fecha de mi billete pese a la penalización... pero no hizo falta). Así que, como tenía previsto, navegué (y me mareé como pocas veces) hasta llegar a "DondeEllaVive" el jueves por la tarde.
Y los días pasaron entre chubascos, nubes y algún que otro rayito de sol despistao... Pasaron entre horas de adormecimiento en el sofá, entre "reinventos" que estaré encantada de volver a "reinventar" (con Ella), entre compras de todo menos de lo que tenía la finalidad inicial (que iba con la idea de comprarme lo que me iba a poner en la entrevista de trabajo que tengo esta tarde... y ahora mismo no llevo puesto nada de lo que compré... excepto el perfume) y entre pensamientos y sueños sobre lo que pueden depararme los próximos dos años.
Y el día de vuelta pasó entre temor por volverme a marear, chaparrón que empapó mi ropa, mi pelo y mi equipaje... y sueños (otra vez hablo de sueños) de tener un montón de días por delante para no tener que volverme de allí, para poder prolongar la compañía de mis días y mis noches... sueños que de momento (espero que de momento) no pueden cumplirse.
Al día siguiente, ya "DondeYoVivo", me despierto con la garganta hecha polvo, con el humor "retorcido" porque la depresión post-vacacional no ocurre sólo en verano, que 5 días también dan para que un@ esté con pocas ganas de volver "a lo de siempre"... que mañana me espera un día más y pasado, otro día... y otro... y otro... y otro...
Confieso que aproveché un error cometido por "LaHijaDelMegaBoss" (la chiquilla se entusiasmó diciendo que no trabajábamos el jueves 5, que se lo había dicho su tete, y luego resultó que sí se trabajaba), para hacer creer a la cúpula de "DesO" que había adelantado mi viaje por lo que la chiquilla había dicho (por supuesto, me ofrecí a cambiar de nuevo la fecha de mi billete pese a la penalización... pero no hizo falta). Así que, como tenía previsto, navegué (y me mareé como pocas veces) hasta llegar a "DondeEllaVive" el jueves por la tarde.
Y los días pasaron entre chubascos, nubes y algún que otro rayito de sol despistao... Pasaron entre horas de adormecimiento en el sofá, entre "reinventos" que estaré encantada de volver a "reinventar" (con Ella), entre compras de todo menos de lo que tenía la finalidad inicial (que iba con la idea de comprarme lo que me iba a poner en la entrevista de trabajo que tengo esta tarde... y ahora mismo no llevo puesto nada de lo que compré... excepto el perfume) y entre pensamientos y sueños sobre lo que pueden depararme los próximos dos años.
Y el día de vuelta pasó entre temor por volverme a marear, chaparrón que empapó mi ropa, mi pelo y mi equipaje... y sueños (otra vez hablo de sueños) de tener un montón de días por delante para no tener que volverme de allí, para poder prolongar la compañía de mis días y mis noches... sueños que de momento (espero que de momento) no pueden cumplirse.
Al día siguiente, ya "DondeYoVivo", me despierto con la garganta hecha polvo, con el humor "retorcido" porque la depresión post-vacacional no ocurre sólo en verano, que 5 días también dan para que un@ esté con pocas ganas de volver "a lo de siempre"... que mañana me espera un día más y pasado, otro día... y otro... y otro... y otro...
4.4.07
Recaderos y Carnet (de trabajador) por puntos
"YoHabloAsí" y "CorreVeYDile" tienen una nueva función dentro de "DesO". Esta nueva función es la de recaderos o mandaderos, u ordenanzas, o emisarios, o enviados, o sirvientes (todos los sinónimos posibles) de "ElHijoDelMegaBoss".
Andaba yo extrañada porque no me había aún dicho nada después de la conversación-amenaza que tuvimos (en realidad sólo habló "ElHijoDelMegaBoss") el viernes. Noté que la tensión en el ambiente era bastante alta a lo largo de toda la mañana, pero como estuve más quietecita de lo normal, pensé que él había adquirido el convencimiento de que la conversación-amenaza me había servido de lección...
Pues no. Por lo visto, la sospecha de que a "ElHijoDelMegaBoss" le impone hablar conmigo casi más de lo que me impone hablar a mí con él, está más que confirmada. Ante esta evidencia, "ElHijoDelMegaBoss" le pidió a "YoHabloAsí" y "CorreVeYDile", que hablaran conmigo sobre mi actitud del viernes.... Que sí, que no lo hice bien (me dio corte decir por qué tenía que irme a casa un momento y no dije nada ni al irme ni al volver... aunque eso sí, me disculpé en nuestra conversación-amenaza, dije que había sido una emergencia y que lo sentía).
Hasta hoy no me he enterado de esta nueva función. Ya me pareció raro que "YoHabloAsí" me insistiera tanto en estos dos últimos días con que le acompañara a tomar café (pero, ¿qué le iba a hacer?, siempre me lo decía cuando hacía poco que me lo había tomado), y me imaginaba que quería hablar conmigo de algo, pero no que fuera de parte de "ElHijoDelMegaBoss".
Resulta que, después de la "movidita" del martes, "YoHabloAsí" considera que lo del viernes me quitó puntos (ya sabéis, puntos de ese "Carnet del trabajador por puntos" que ha entrado en vigor sin yo enterarme). Será verdad, pero es que ya me importa poco perder o ganar puntos. De hecho, creo que a lo largo de mis "experiencias" en "DesO" he hecho muchas cosas como para ganar puntos y nunca se me han ido sumando en mi carnet.
Escribo desde la oficina, casi una hora después de la que tendría que estar fuera de aquí... Otra cosita más "pa la colección".
Andaba yo extrañada porque no me había aún dicho nada después de la conversación-amenaza que tuvimos (en realidad sólo habló "ElHijoDelMegaBoss") el viernes. Noté que la tensión en el ambiente era bastante alta a lo largo de toda la mañana, pero como estuve más quietecita de lo normal, pensé que él había adquirido el convencimiento de que la conversación-amenaza me había servido de lección...
Pues no. Por lo visto, la sospecha de que a "ElHijoDelMegaBoss" le impone hablar conmigo casi más de lo que me impone hablar a mí con él, está más que confirmada. Ante esta evidencia, "ElHijoDelMegaBoss" le pidió a "YoHabloAsí" y "CorreVeYDile", que hablaran conmigo sobre mi actitud del viernes.... Que sí, que no lo hice bien (me dio corte decir por qué tenía que irme a casa un momento y no dije nada ni al irme ni al volver... aunque eso sí, me disculpé en nuestra conversación-amenaza, dije que había sido una emergencia y que lo sentía).
Hasta hoy no me he enterado de esta nueva función. Ya me pareció raro que "YoHabloAsí" me insistiera tanto en estos dos últimos días con que le acompañara a tomar café (pero, ¿qué le iba a hacer?, siempre me lo decía cuando hacía poco que me lo había tomado), y me imaginaba que quería hablar conmigo de algo, pero no que fuera de parte de "ElHijoDelMegaBoss".
Resulta que, después de la "movidita" del martes, "YoHabloAsí" considera que lo del viernes me quitó puntos (ya sabéis, puntos de ese "Carnet del trabajador por puntos" que ha entrado en vigor sin yo enterarme). Será verdad, pero es que ya me importa poco perder o ganar puntos. De hecho, creo que a lo largo de mis "experiencias" en "DesO" he hecho muchas cosas como para ganar puntos y nunca se me han ido sumando en mi carnet.
Escribo desde la oficina, casi una hora después de la que tendría que estar fuera de aquí... Otra cosita más "pa la colección".
La "AbuelaCebolleta"

Ayer tuve una conversación con "CorreVeYDile" y "MariColores"... ¿Tan mayor soy que ayer era la única que recordaba estos billetes, los de 100 pesetas?.
Recuerdo que había una forma de doblarlos con la que Manuel de Falla acababa pareciéndose a un señor (español, para más señas), que ganó un concurso de feos allá por el año de Mari Castaña... Supongo que de este señor en cuestión tampoco se acordará mucha gente...
A ver, voy a empezar a plantearme que la verdad es que tengo muuuucha memoria (para algunas cosas), no que sea muuuuuy mayor, o a este paso empiezo mis vacaciones pascueras medio deprimida :-).
1.4.07
Dos vidas en un instante
Es viernes por la tarde y estoy en casa aprovechando que los viernes por la tarde no trabajo.
Es viernes por la tarde y estoy en casa, nerviosilla, pensando en si debería ir a hacer una compra para cuando Ella llegue.
Las horas de la tarde pasan pensando en la última conversación que he tenido con "ElHijoDelMegaBoss" antes de irme a casa.
Las horas de la tarde pasan y yo disfruto la impaciencia de imaginar qué haré cuando Ella llegue.
La noche empieza a asomarse por las ventanas de mi casa y empiezo a planificar qué quiero ver en la tele durante las horas nocturnas.
La noche empieza a asomarse por las ventanas de mi casa y empiezo a preparar las cosas que he ido a comprar para Ella y para mí.
Llamo a mi madre y no tenemos demasiado que contarnos. Lo de siempre... que si he hecho esto, que si he hecho aquello, cosas que me pidió que hiciera, llamadas que me sugirió que debería hacer.
Llamo a mi madre y descubre en mi voz la emoción que me provoca que Ella vaya a venir.
Hablo con Ella y me dice que al final no viene, que nos veremos pronto, que a la próxima ocasión será.
Hablo con Ella y me dice que todo "OK", que nos vemos al día siguiente. Me dice a qué hora llegará. Yo le digo "Allí nos vemos. Te espero".
La noche por fin ha llegado a mi casa y empiezo mi planificación televisiva.
La noche por fin ha llegado a mi casa y el día en el que Ella va a venir empieza oscuro, dejando que corran las horas hasta la llegada del sol.
Decido aprovechar que el sueño comienza a invadir mi cuerpo y me voy a la cama para descansar mejor que en el sofá.
Decido irme a la cama pronto para despertarme temprano y dejar todo como me gustaría que Ella lo viera.
Me despierto bien descansada y decido irme a tomar un café mañanero al sol de una terracita.
Me despierto bien descansada y decido ir a tomar un desayuno reconfortante al sol de una terraza, para empezar con energía el día que voy a compartir con Ella.
Vuelvo a casa después de haber rellenado medio cuaderno de pasatiempos y guardo en la nevera lo que me he comprado para comer.
Vuelvo a casa para ultimar los detalles que van a hacer que nos sintamos cómodas Ella y yo.
Llega la hora en la que Ella hubiera llegado.
Llega la hora. Ella está aquí.
Hablo con Ella.
La recibo. Le beso. Le doy un abrazo. La vuelvo a besar.
Como lo que antes he guardado en la nevera.
Decidimos dónde ir a comer y disfruto con Ella una deliciosa comida. Esta vez hemos tenido suerte con la elección del restaurante.
Paso la tarde adormilada en el sofá, dejando que la pereza entre en mí con mayor peso a cada minuto que pasa.
Pasamos la tarde abrazándonos, besándonos, tocándonos y sintiéndonos... deseando que la llegada de la noche se retrase todo lo posible.
Recibo un SMS sugiriéndome cena con gente que aún no conozco y posterior disfrute de espectáculos que van a realizar "DondeYoVivo".
Disfrutamos del espectáculo que pensé que iba a gustarle. Pensamos en irnos a casa en lugar de cenar fuera.
Rechazo la cena con desconocidos y planteo la posibilidad de asistir a alguno de los espectáculos. Agradezco la invitación.
Me recojo con Ella en mi sofá hasta que los cuerpos nos piden irnos a la cama a tocarnos, a mirarnos, a tenernos.
Preparo las cosas para ducharme y acudir al centro de "DondeYoVivo" pero después de la ducha, la pereza es tan grande que me recuesto en el sofá y me quedo adormilada de nuevo.
Me paso la noche rellenando mi caja ficiticia de momentos con Ella y empiezo a pensar en conseguir una caja más grande.
Me despierto a las 6 a.m., todavía en el sofá, apago la televisión con chillones anuncios de tele-tienda y me voy a la cama con el cuello un poco dolorido.
Me despierto a las 6 a.m., todavía en la cama, junto a Ella y me quedo unos minutos mirándola dormir, intentando no despertarla.
Vuelvo a despertar a las 9:30h y decido ponerme en marcha. Voy a desayunar. Tengo hambre, con tanto atontamiento en el sofá se me olvidó cenar.
Vuelvo a despertar a las 9:30h y me levanto para preparar algo de desayuno. Tenemos hambre, con tanta dedicación mutua los cuerpos necesitan alimentarse.
Ya es domingo al mediodía y ando algo inquieta pensando si será verdad que mañana "ElHijoDelMegaBoss" tiene que decirme algo sobre nuestra (chunga) última conversación de la semana.
Ya es domingo al mediodía y ando algo tristona porque Ella vuelve a "DondeEllaVive", aunque contenta porque en unos días vuelvo a verla.
Es viernes por la tarde y estoy en casa, nerviosilla, pensando en si debería ir a hacer una compra para cuando Ella llegue.
Las horas de la tarde pasan pensando en la última conversación que he tenido con "ElHijoDelMegaBoss" antes de irme a casa.
Las horas de la tarde pasan y yo disfruto la impaciencia de imaginar qué haré cuando Ella llegue.
La noche empieza a asomarse por las ventanas de mi casa y empiezo a planificar qué quiero ver en la tele durante las horas nocturnas.
La noche empieza a asomarse por las ventanas de mi casa y empiezo a preparar las cosas que he ido a comprar para Ella y para mí.
Llamo a mi madre y no tenemos demasiado que contarnos. Lo de siempre... que si he hecho esto, que si he hecho aquello, cosas que me pidió que hiciera, llamadas que me sugirió que debería hacer.
Llamo a mi madre y descubre en mi voz la emoción que me provoca que Ella vaya a venir.
Hablo con Ella y me dice que al final no viene, que nos veremos pronto, que a la próxima ocasión será.
Hablo con Ella y me dice que todo "OK", que nos vemos al día siguiente. Me dice a qué hora llegará. Yo le digo "Allí nos vemos. Te espero".
La noche por fin ha llegado a mi casa y empiezo mi planificación televisiva.
La noche por fin ha llegado a mi casa y el día en el que Ella va a venir empieza oscuro, dejando que corran las horas hasta la llegada del sol.
Decido aprovechar que el sueño comienza a invadir mi cuerpo y me voy a la cama para descansar mejor que en el sofá.
Decido irme a la cama pronto para despertarme temprano y dejar todo como me gustaría que Ella lo viera.
Me despierto bien descansada y decido irme a tomar un café mañanero al sol de una terracita.
Me despierto bien descansada y decido ir a tomar un desayuno reconfortante al sol de una terraza, para empezar con energía el día que voy a compartir con Ella.
Vuelvo a casa después de haber rellenado medio cuaderno de pasatiempos y guardo en la nevera lo que me he comprado para comer.
Vuelvo a casa para ultimar los detalles que van a hacer que nos sintamos cómodas Ella y yo.
Llega la hora en la que Ella hubiera llegado.
Llega la hora. Ella está aquí.
Hablo con Ella.
La recibo. Le beso. Le doy un abrazo. La vuelvo a besar.
Como lo que antes he guardado en la nevera.
Decidimos dónde ir a comer y disfruto con Ella una deliciosa comida. Esta vez hemos tenido suerte con la elección del restaurante.
Paso la tarde adormilada en el sofá, dejando que la pereza entre en mí con mayor peso a cada minuto que pasa.
Pasamos la tarde abrazándonos, besándonos, tocándonos y sintiéndonos... deseando que la llegada de la noche se retrase todo lo posible.
Recibo un SMS sugiriéndome cena con gente que aún no conozco y posterior disfrute de espectáculos que van a realizar "DondeYoVivo".
Disfrutamos del espectáculo que pensé que iba a gustarle. Pensamos en irnos a casa en lugar de cenar fuera.
Rechazo la cena con desconocidos y planteo la posibilidad de asistir a alguno de los espectáculos. Agradezco la invitación.
Me recojo con Ella en mi sofá hasta que los cuerpos nos piden irnos a la cama a tocarnos, a mirarnos, a tenernos.
Preparo las cosas para ducharme y acudir al centro de "DondeYoVivo" pero después de la ducha, la pereza es tan grande que me recuesto en el sofá y me quedo adormilada de nuevo.
Me paso la noche rellenando mi caja ficiticia de momentos con Ella y empiezo a pensar en conseguir una caja más grande.
Me despierto a las 6 a.m., todavía en el sofá, apago la televisión con chillones anuncios de tele-tienda y me voy a la cama con el cuello un poco dolorido.
Me despierto a las 6 a.m., todavía en la cama, junto a Ella y me quedo unos minutos mirándola dormir, intentando no despertarla.
Vuelvo a despertar a las 9:30h y decido ponerme en marcha. Voy a desayunar. Tengo hambre, con tanto atontamiento en el sofá se me olvidó cenar.
Vuelvo a despertar a las 9:30h y me levanto para preparar algo de desayuno. Tenemos hambre, con tanta dedicación mutua los cuerpos necesitan alimentarse.
Ya es domingo al mediodía y ando algo inquieta pensando si será verdad que mañana "ElHijoDelMegaBoss" tiene que decirme algo sobre nuestra (chunga) última conversación de la semana.
Ya es domingo al mediodía y ando algo tristona porque Ella vuelve a "DondeEllaVive", aunque contenta porque en unos días vuelvo a verla.
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