La única manera en la que soportaba aquella chica verse reflejada en el espejo, era cuando éste estaba empañado por el agua caliente de la ducha.
Era sólo entonces cuando la imagen que se dibujaba en el espejo, era lo suficientemente borrosa como para no reconocerse en ella. Podía ver aquella imagen difusa sin sentir que era ella, podía mirarla y pensar como algo ajeno a ella.
Era sólo entonces cuando podía pensar en las dimensiones de lo que veía, sin distinguir si lo que veía era ropa o carne.
Si alguna vez necesitaba tener una visión nítida de aquello, se centraba sólo en la cara. No reconocía como suyo el resto del cuerpo que se podía adivinar bajo la zona de la cabeza que había limpiado con una toalla...
(Extracto de "Las visiones de un espejo")