La verdad es que no sé por qué hasta ahora no había escrito nada sobre Praga, siendo que es mi ciudad favorita de entre todas las ciudades europeas que he tenido la suerte de visitar.
Desde aquella última semana de julio del año 2000 en la que la ciudad me cautivó, he deseado volver, pero mi único pensamiento era que deseaba mucho volver con alguien que fuera
(sentimentalmente) especial para mí.
Aquella primera vez que fui, iba acompañada de mi "
SeñoraMadre" y, ambas, estuvimos emocionándonos al menos una vez al día, cuando escuchábamos a los músicos tocar en cualquiera de los muchos rincones románticos que tiene la ciudad. Entonces, hacía menos de un año que mi padre había fallecido y, entre muchas de sus cualidades, estaba la de saber tocar el violín y otros instrumentos de cuerda
(cualidades artísticas de las cuales soy una clara muestra de que ciertos talentos no se heredan... por desgracia). Así que, a mi "
SeñoraMadre", le afloraban cada dos por tres, recuerdos del que ha sido el AMOR DE SU VIDA
(con mayúsculas). A mí, como hija, se me despertaban otras emociones, pero se me repetía una y otra vez el pensamiento "
Alguna vez tengo que volver con alguien de quien esté enamorada".
Recuerdo que la frase era esa exactamente a pesar de que por aquel entonces "
DonEx" era aún "
MiChico". Algo debía de estar diciéndole a mi subconsciente que, si alguna vez volvía, no iba a ser con él.
He podido volver a Praga. He podido ver la ciudad desde otra perspectiva bien distinta a aquella primera vez.
La ciudad no es la misma en la última semana del mes de julio que en la última semana del año. Praga, en invierno, es una ciudad apta para friófil@s. Yo no soy precisamente una persona que adore el frío, pero he podido disfrutar de la verdadera preocupación porque no sufriera por las bajas temperaturas, por parte de la persona
(tan) especial con la que he ido esta vez.
Me imagino que por la misma razón, por el frío, esta vez no había violinistas por la calle
(supongo que con guantes se debe de tocar bastante mal), pero sí que pudimos ver varios grupos de
fun jazz que animaban las calles más concurridas de la ciudad.
Las principales plazas estaban llenas de casetas de artesanía y comida típica de esta época del año. Los toldos rojos de estas casetas alternaban con los tejados rojos tan típicos de estas ciudades del este. Y entre las casetas, te encontrabas con árboles arreglados con adornos navideños.
Por la noche, el dorado de las luces navideñas, se mezclaban con las fachadas de los edificios más espectaculares y le daban un tono especial a la variedad de gorros, sombreros y abrigos que llevaba la gente.
Algunas de las tiendas a las que entré hace casi ocho años, tenían artículos diferentes, típicos de Navidad, y me di cuenta de que había disminuido considerablemente el porcentaje de marionetas de Pinoccio
(que, en aquella primera vez, invadían las tiendas de souvenirs) y los que había, eran una versión modernizada del que tengo en mi habitación
(que no es el original, el que compré yo, porque se rompió y le encargué uno igual a los suegros de mi "SeñorHermanoMayor" cuando fueron el verano de 2002).
Fue diferente la última vez que íbamos a meternos en la boca del metro en la plaza Wenceslao. No pude evitar emocionarme por lo especial que había sido nuestra estancia en Praga y por lo especial que deseo que sea cada viaje que hagamos juntas.
Y también fueron diferentes los tipos de abrazos y besos que di y recibí; las fotografías que hice y se me hicieron; fue diferente la intimidad de las noches, las conversaciones durante el desayuno y las palabras que pronunciábamos antes de quedarnos dormidas cada noche...
[ Post publicado el 18/01/08 ]