17.4.07

Mis sentidos

Algún día llegará ese momento en el que aprovecharé para detenerme ante mis sentidos para dejarles transmitir lo que cada uno tenga que decirme.

Escucharé, estaré atenta, y sentiré cómo mi olfato trae a mi memoria a toda aquella gente que me dejó su aroma impregnado en mi ropa, en mis sábanas, en mi armario y en mi propia piel. Mi olfato me contará dulcemente cómo registró cada perfume que sintió que se mezclaba con el mío. Me dirá cómo hizo para que se me grabara ese olor a tostada recién hecha que me preparaba mi tía; me contará cómo hizo para que se quede perpétuo en mí el olor que tenía mi padre; me desvelará el secreto de cómo retuvo para mí el olor de cada casa que he visitado y en la que me he sentido como en mi propia casa. Y yo le pediré que le enseñe a mi oído cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.

Entonces, mi oído me contará cómo oí por primera vez la voz de mi madre; me explicará cómo aprendí a interpretar el estado de ánimo de una voz que me habla; recordará, dulcemente, cómo fue cada una de las primeras palabras de mis sobrinos. Me explicará por qué unas voces me hacen vibrar y otras me crispan; me hará temblar de emoción cuando me recuerde cómo sonó cada "Te quiero" que me llegó muy adentro. Me desvelará las razones de por qué una voz acompañada de una mirada puede hacerme huir o desear acercarme a la dueña (o al dueño) de esos ojos. Y yo le pediré que le enseñe a la vista cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a ella.

Y mi vista, obediente, me recordará cada vez que me alegró ver un arcoiris intocable, inalcanzable; me hará recordar cada amanecer que me hizo esperanzarme por el nuevo día, y cada atardecer que me hizo entristecer por el final del día o alegrarme por el fin de la tarde y la llegada de la noche; me evocará a la memoria cada luna llena que he podido compartir aun en la distancia. Me explicará cómo consigue que distinga los colores de cada estación del año; me explicará porqué ver a algunas personas hace que se agranden mis pupilas; me explicará por qué me excita ver ciertos cuerpos desnudos y por qué hay cuerpos que deseo ver una y otra vez. Y yo le pediré que le enseñe a mi tacto cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.

Y mi tacto, nervioso, intentará explicar los sentimientos que ha aprendido a hacerme sentir. Me contará cómo, de pequeña, buscaba la mano de mi madre para sentirme segura; cómo hallaba la tranquilidad para dormir sintiendo la piel de mi padre cuando me mecía sobre él sentando en la mecedora; cómo sentí una piel que no fuera la mía como si la estuviera sintiendo desde siempre. Me explicará cómo aprendí a diferenciar entre lo suave y lo áspero; me explicará por qué he sentido el rechazo de una piel cuy@ dueñ@ podría herirme; me explicará cómo puedo imaginar el placer que provoca el roce de mi piel en otro cuerpo; me explicará por qué no puedo evitar el deseo del contacto de mis manos con otras manos. Me dirá, dulcemente, quienes son l@s dueñ@s de las pieles que me han emocionado con su propio tacto. Y yo le pediré que le enseñe a mi gusto cómo explicarme lo que he podido sentir gracias a él.

El gusto, sumergido en mi paladar y presente en mi boca, me hará recordar el sabor de aquella leche materna que me hizo crecer los primeros meses de mi vida; me hará recordar cómo iba aceptando los nuevos sabores de comida que me hicieron crecer en mi infancia y de adolescente, los sabores de las comidas que han hecho disfrutar o engordar de mayor. Me explicará por qué mi primer beso me supo como me supo; me explicará por qué saborear una boca me produce una sensación diferente que saborear otra distinta; me explicará por qué hay cuerpos que quiero saborear y otros que me provocan rechazo. Me contará cuál fue el día en el que elegí el dulce en lugar del salado; me contará por qué he tenido días en los que nada me sabía bien. Me dirá, dulcemente, qué labios querré saborear para siempre y qué sabores querré descubrir en el cuerpo dueño de esos labios.

Y cuando todos mis sentidos se hayan descubierto ante mí, volveré a detenerme para volver a escucharlos, para que vuelvan a mi todas las sensaciones que cada uno de ellos despiertan en mí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida amiga:
- Para que te pueda ocurrir todo esto, tienes que hablar primero con el sentido que da vida al resto, el sentido común.
Un besazo.

La_L dijo...

Créeme amiga (aunque sin firma no sé quien eres :-) ), hablo continuamente con mi sentido común... Ojalá le escuchara menos y actuara más según el resto de mis sentidos.

Otro beso para esa amiga anónima.