¿Qué ocurre cuando quieres salir huyendo y no tienes adonde ir?. ¿Qué ocurre?.
Pues que te entran aún más ganas. Piensas en cientos de alternativas, haces cuentas de las fechas en las que podrías echar a correr y ves que tampoco te cuadran. Buscas excusas que te echen p'alante y solo encuentras razones que echan p'atrás. Más lejos o más cerca, por poco dinero o por mucho (aunque no es lo que me detiene).
Se me acaba notando tanto el ansia de irme que ya he recibido recomendaciones de que me vaya por parte de familiares cercanos.Pero no puedo. Las razones que me echan para atrás van creciendo y cogiendo peso cada día que pasa. En consecuencia, mi agobio también crece. ¿Qué hacer entonces?.
Intento centrarme en muchas cosas, en demasiadas, hasta que no me centro realmente en ninguna. En mi vida laboral siempre me ha funcionado trabajar bajo presión, incluso contrarreloj, pero creo que en mi otra vida (que, aunque a veces no lo parezca, también la tengo) no funciono igual. Debo de tener por ahí algún engranaje que se me atasca, que se queda bloqueado, o que se erosiona de tanto girar.
Suma y sigue... suma y sigue... suma y sigue...
No hay comentarios:
Publicar un comentario