Recuerdo que en el curso de lengua, el año que estudié en Aranjuez, nos hicieron describir a alguien. Hubo de todo. Hubo quien describió a su abuelo o a su abuela. Hubo quien se extendió tres folios y quien se quedó en apenas diez líneas. Hubo quien se inventó un personaje y quien decidió describir a su perro en lugar de una persona.
Yo escogí a mi mejor amiga de entonces. Era una exahustiva y minuciosa descripción en la que incluía detalles en los que poca gente se había detenido. Copié el texto de mi libreta en un folio y lo traje a "DondeYoVivo" para leérsela a mi amiga y con la intención de regalársela en el caso de que le gustara. Resultó que le gustó hasta el punto de que se la leía (o se la dejaba leer) a tod@ aquella (aquel) que se cruzaba en su camino (y que la conociera, claro).
Me pasé meses recibiendo peticiones de conocid@s pidiéndome que les describiera de manera similar. Llegué a hacer unas veinte descripciones. Una de las cosas que le llamaba la atención a la gente, era la prontitud con la que las entregaba a las personas descritas. Otra, que nombraba detalles bastante afinados como, por ejemplo,el distinto tono de blancura entre las paletas de alguna boca descrita, o la pequeña mancha en el iris de algunos ojos citados. Creo que puedo afirmar que ninguna de estas personas se molestó por lo que escribí. Estuve más o menos acertada con la mayoría aunque, claro está, no tod@s me inspiraban de la misma manera...
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