"Entonces ella se levanta sobre mí y junta su boca con la mía.
... Los labios de Sue son fríos, blandos, húmedos: no se acoplan perfectamente con los míos, pero enseguida cobran más calor, más humedad. Su pelo cae sobre mi cara. No la veo, sólo la siento, a ella y su sabor. Sabe a sueño, ligeramente agrio. Demasiado agrio. Separo los labios, para respirar o para tragar o para zafarme, pero al respirar o tragar o liberarme lo único que hago es atraerla hacia dentro de mi boca. Ella también despega los labios. La lengua surge entre ellos y toca la mía.
Y en ese momento me estremezco o tiemblo. Pues es como si descubriera algo crudo, la irritación de una herida o un nervio. Ella percibe mi sobresalto y se separa, pero despacio, tan despacio y con tanta desgana que nuestras bocas parecen adherirse y, al separarse, parece que se rasgan. Sue se cierne sobre mí. Noto el latido veloz de un corazón y supongo que es el mío. Pero es el suyo. Respira deprisa. Ha empezado a temblar, muy levemente.
Capto entonces su excitación, el asombro que ella me produce.
(...)
Lo siento. Es como una caída, un descenso, un goteo, como arena que cae de una bombilla de cristal. Me muevo, y no estoy seca como arena. Estoy mojada. Fluyo como agua, como tinta.
Empiezo a temblar, como ella.
(...)
... Me besa otra vez. Levanta la mano y noto las yemas de sus dedos aleteando sobre mi cara.
(...)
Cuando me levanta el camisón e introduce la mano entre mis piernas, las dos nos quedamos quietas. Cuando su mano vuelve a moverse, sus dedos ya no aletean: están húmedos y se deslizan y, al deslizarse, como sus labios cuando los frota contra los míos, se aceleran y me dibujan, me extraen de la oscuridad, de mis formas naturales. Antes creía que la deseaba. Ahora empiezo a sentir un deseo tan grande, tan intenso, que temo que no se saciará nunca. Creo que irá creciendo y que va a enloquecerme o a matarme. Pero su mano se mueve lentamente. Susurra: << ¡Qué suave es!¡Qué cálida! Quiero...>> La mano se mueve aún más despacio. Empieza a apretar. Contengo la respiración. Ella entonces vacila, y luego aprieta más. Por fin presiona tanto que noto que mi carne cede y la siento dentro. Creo que grito. Ahora no titubea, sin embargo, sino que se acerca y pone sus caderas alrededor de mi muslo; vuelve a apretar. (...) ...Sue se inclina, empuja, mueve las caderas y la mano como siguiendo un compás, un ritmo, una pulsación que se acelera. Ella llega. Llega tan lejos que alcanza mi vida, mi corazón estremecido: pronto me parece que no estoy en ningún sitio más que en los puntos en que su piel toca la mía. Y entonces, << ¡Oh, ahí!>>, dice. << ¡Justo ahí!¡Oh, ahí! >>, me estoy rompiendo, me estoy haciendo pedazos, explotando en su mano. Ella se echa a llorar. Sus lágrimas caen en mi cara. Pasa la boca por ellas. Mi perla, dice, entretanto. Se le quiebra la voz. Mi perla."
Falsa Identidad -- Sarah Waters
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