16.10.06

De puenting

Dicen l@s que alguna vez han hecho puenting (el de verdad, el de subirte a un puente atad@ a unas cuerdas de las que yo no me fiaría ni un pelo) que se siente algo muy fuerte, que es una sensación inolvidable, impactante... que la adrenalina indunda tu cuerpo y se te olvida que eres persona para sentir que eres pura sensación, incorpórea,... que cuando notas el tirón de la cuerda, vuelves a la realidad física de tu cuerpo y es cuando empiezas a ser consciente de lo que estás viviendo.

Yo comparo mi puenting (el de aprovechar cualquier día festivo para poder estar más días con Ella) con el de verdad, y encuentro más de una similitud.

La búsqueda de horarios y medio de transporte hasta Ella es como esos minutos en los que compruebas que llevas el arnés colocado como toca.

La incertidumbre de si llegaré a tiempo al punto de partida de mis viajes es como los minutos en los que decides si definitivamente te atreverás a tirarte del puente.

Cuando por fin la veo después de varias horas de viaje (y varios días de planificación), es como el subidón de adrenalina mientras atraviesas el aire que separa el puente de la tierra o el agua del río. La emoción y la ansiedad por vernos nos provoca unos segundos de "no-sé-muy-bien-qué-hacer". Sobre todo existe la duda de qué hacer primero, besar o abrazar... y acabamos entre besos y abrazos, entre "Te-Quieros" y "Cuántas-ganas-tenía-de-verte"...

Y cuando en el puenting has subido y bajado varias veces debido a la tensión y distensión de las cuerdas que te sujetan, es como las horas que paso con Ella, disfrutándola, sintiéndola,... olvidando que hay más cosas a nuestro alrededor...

Ya estamos arriba, hemos recogido las cuerdas, nos hemos desabrochado el arnés, hemos cogido aire para recuperar la compostura... ya estamos cada una en su ciudad, esperándonos, queriéndonos, deseándonos... deseando vernos de nuevo, buscando otro puente desde el que lanzarnos.

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