22.1.07

Consideraciones

¡Qué poco considerad@s somos a veces con l@s demás!. Los juicios que hacemos de los actos de l@s demás suelen estar exentos de consideración con la persona que estamos juzgando.

Es difícil aplicar lo de "justicia ciega", la imparcialidad brilla por su ausencia en los casos que más falta hace. La implicación emocional nos ciega justo cuando deberíamos tener los ojos bien abiertos. Lo normal es que nos enrabiete más lo que nos sorprende para mal de quien queremos, que de quien nos resulta indiferente. Lo que dicen (y la manera en que lo dicen) las personas que nos importan, nos despierta pasiones (buenas o malas), que tienen como resultado un juicio paralelo a nuestras emociones.

Por un lado, seguimos queriendo a las personas que queremos (porque el cariño y el amor son más resistentes de lo que parecen) y, por otro lado, entrometemos a la razón en asuntos en los que debería gobernar el corazón.

Pasamos épocas en las que estamos exclusivamente emocionales o sensibles (por favor, hombres, no asociéis ni limitéis estas épocas a los días pre-menstruales, que en realidad va más allá que todo eso) y parece que todo nos hiere más, que le sacamos punta a todo, que estamos con la escopeta cargada, que, en definitiva, estamos susceptibles.

Pues bien, o yo estoy en este estado de manera perpetua, o tengo demasiado delgada y vulnerable la membrana que protege mis sentimientos. Cuanto más crecen éstos, más fina se hace la membrana... Aunque cada vez me siento más valiente porque me gusta correr el riesgo de que los sentimientos aumenten hasta hacer que se agriete mi protección.

1 comentario:

Anónimo dijo...

QUE NO ME ENTERE YO QUE ALGUIEN ROMPE ESA MEMBRANA SIN TENER CUIDADO!!!