Y a pesar de todo el estrés, el encorajimiento de los últimos días, los nervios acumulados por las prisas que surgen en mi vida laboral, los cabreos por los comentarios irónicos que estoy aguantando últimamente y las ganas contenidas de mandar a ciertas personas a paseo; Ella no se me va de la cabeza.
Desde donde estoy sentada ahora mismo (escribiendo en mi libreta, no en el ordenador), veo una pintada en una pared y no puedo evitar sonreír, porque leo un "TE QUIERO" escrito a su manera (con "K").
Si me llevo una alegría o una pequeña satisfacción, es Ella la primera a quien me apetece contárselo.
Si me llevo un "chafón" o una pequeña desilusión, es Ella la primera que sufre mi enojo. Que me aguanta, que me escucha, que me consuela... y yo me muero de ganas de que me aguante, escuche y consuele teniéndole enfrente, cara a cara...
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