Hace semana y media, el día que volví de "DondeEllaVive", mi madre me contó (con un previo "no te impresiones") que el vecino de la puerta de al lado había fallecido el día anterior.
La verdad es que no sé ni cómo se llamaba. Llevábamos años viviendo pared con pared y para mí era el vecino sesentón y pesado que insistía, siempre que me veía, en decirme que no fuera tan seria. Yo siempre le decía que no era seriedad, que era timidez. Y él, "erre que erre", que con la sonrisa que tengo seguro que voy cautivando a los chicos en autobuses y en el trabajo y en todas partes (repito, era sesentón).
Dos días antes de que muriera, tuve mi última conversación con él. Mi "SeñoraMadre" me oyó reír antes de cerrar la puerta de casa al entrar, y me preguntó de qué me reía. En el ascensor, me preguntó qué tal había ido mi Nochevieja y cuando le dije que había estado fuera, y que yo "trabajo para viajar", se notó que se alegró de ver que no soy la chica pusilánime y seria que (equivocadamente) pensaba que era. La última frase que me dijo fue: "Eso hay que hacer, hay que viajar y conocer sitios, que esas cosas no se olvidan".
La verdad es que, en el fondo, me alegro de no haberme encariñado con él a lo largo de estos años de vecindad y de mini-viajes en ascensor. Cuando hay silencio en mi casa, se oye sonar el teléfono en su casa, insistente, y se me encoge algo dentro de pensar que, quien llama, aún no sabe que no va a volver a hablar con él... de pensar que, quien llama, a lo mejor piensa que está en uno de esos viajes que me dijo que hay que hacer (puede que en Sevilla o en Granada.. dos de sus ciudades favoritas según me dijo en nuestra última conversación...).
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