6.11.06

Toc, toc, ¿se puede?

Nos empeñamos en entrar al interior de las personas que nos importan.

Insistimos en averiguar qué puedes hacer para que aquel o aquella que nos está brindando la oportunidad de asomarnos a su alma, sea feliz, que esté content@.

Y a veces lo hacemos sin pedir permiso. Nos adentramos en esos corazones que no siempre tienen caminos fáciles de recorrer. Puede que nos encontremos con puertas cerradas y cerrojos oxidados que se quiebran al intentar usar las llaves que pensábamos que eran llaves maestras. Forzando cerraduras nos podemos encontrar con puertas falsas que llevan a rincones vacíos, engañosos. Muchas veces el error no está en la puerta que pretendemos abrir, sino en no esperar el salvoconducto de la/el dueñ@ de lo que hay tras la puerta.

Vamos cruzando fronteras sin sellarnos el pasaporte, siempre por la salida de "Nada que declarar" como si tuviéramos miedo a que nos pidan explicaciones.

El ansia por encontrar lo que te une a ciertas personas te convierte en el/la invasor/a de su hogar interior. Nos convertimos en el/la inquilin@ que no siempre es bienvenid@.

Tendemos a repetir este comportamiento con cada persona que se cruza en nuestro camino dejando alguna huella. No siempre nos equivocamos, no siempre abrimos puertas falsas, no siempre somos los inquilin@s incómodos.

A lo largo de nuestra vida tenemos el permiso necesario para entrar en algunas personas. Si aprovechamos bien estos permisos, podemos hallar sentimientos que nos alimentan y se adhieren a nuestros propios sentimientos haciéndolos mayores, más vivos... y la intención que te llevó a buscar en su interior, la de hacerle feliz, cobra sentido para ti pero... ¿también para la otra persona?.

No hay comentarios: