Uno de los días laborales de esta semana (no recuerdo bien cuál, de lunes a jueves no suelo hacer cosas que me ayuden a distinguir claramente un día de otro), al bajar del autobús que me llevas a "DondeTrabajoAhora", me encendí un cigarro.
En mitad del cruce de peatones, una señora me dijo: "¿Me puedes dar un cigarro?, es que me ha dado envidia". Y mientras sacaba el paquete de tabaco, me explicó que ella no fuma, pero que al verme, le habían entrado ganas de fumar. Me volvió a decir: "Me ha dado envidia al verte".
Y es que, claro, fumo con tanto estilo, que una se siente como Rita Hayworth cuando se me imita.
No, no, a ver, esto último es una broma, ¡eh!.
Hace poco me han dicho varias personas, que no me pega fumar (y esto ya me lo habían dicho antes, pero hace mucho tiempo). Algunas personas que he conocido hace poco, se han sorprendido al verme encender un cigarrillo después de comer o tomando un café.
En realidad, espero que fuera una excusa original para pedir un cigarro, porque no me gustaría pensar que mis malos hábitos despiertan mi imitación; que, sin darme cuenta, incito al vicio.
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