A veces merece la pena gastar energías en darle una alegría a alguien que queremos.
A veces merece la pena esforzarse por hacer algo que no te gusta nada, si esto va a hacer feliz a alguien querido.
A veces merece la pena perder el tiempo en mejorar algo que ya está hecho, si con ello conseguimos que esté más próximo a la perfección.
A veces merece la pena dedicar unas palabras de cariño a quien lo necesita.
A veces merece la pena reencontrarse con el pasado si éste te va a ayudar a no equivocarte en el futuro.
A veces merece la pena dar un abrazo porque el abrazo que tú recibes puede ser tan reconfortante como el que das.
A veces merece la pena entablar una amistad con alguien porque te puede enriquecer como persona.
A veces merece la pena devolver los besos que te dan porque un beso correspondido llena más que un beso robado.
A veces merece la pena comprometerse con un plazo de entrega de un trabajo porque te obliga a planificarte la faena.
A veces merece la pena iniciar la búsqueda de un lugar al que viajar porque te anima a preparar el viaje.
A veces merece la pena buscar un momento de soledad para encontrar en un@ mism@ lo que puedes estar proyectando sin tú saberlo.
A veces merece la pena confesar tus temores porque descubres que los compartes con más personas y ya no te asustan tanto.
A veces merece la pena reflexionar antes de actuar porque evita más de un error.
A veces merece la pena hacer caso a la intuición porque puedes descubrir cuánta inteligencia tiene el dictado de tu corazón.
A veces merece la pena arriesgarse porque te liberas de la presión que puede suponer la represión de tus deseos.
Y a veces merece la pena VIVIR...
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