Está visto que en ciertos casos no puedo prometerme nada a mí misma.
Antes de trasladarnos al "DesérticoPolígonoIndustrial" dije unas cuantas veces que cuando nos trasladáramos se iba a acabar eso de quedarme hasta las tantas trabajando (y mucho menos sola).
Cuando llegamos allí, una vez visto el desalentador panorama, me prometí a mí misma cumplir con lo que había dicho tantas veces.
Después de dos meses allí, ya he incumplido esta promesa unas demasiadas veces. Unas veces por necesidad y/u obligación, pero otras por cabezonería o por exceso de responsabilidad (o de perfeccionismo, no sé).
Tampoco debería prometerme muchas cosas sobre algunos pensamientos que me preocupan y que sé que si los desviara o los cambiara por pensamientos más positivos, dejarían de preocuparme.
Ni debería prometerme no pensarme tanto llamar a alguien con quien me apetece hablar; ni no tardar tanto en decir algo que quiero decir; ni prometerme que para tal fecha tendré algo resuelto; ni que voy a cambiar las cosas que no me gustan de mí; ni que voy a dejar de tener miedo de algunas cosas, etc.
No debería, porque no luego no cumplo mis propias promesas, y se quedan ahí, perdidas, como los propósitos de Año Nuevo, que allá por marzo, todo el mundo ha olvidado que los tuvo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario