24.9.06

Hoy

En las películas sí, pero en la vida real no. No es posible detener el tiempo. No se puede prolongar la mañana de un domingo por mucho que que una se empeñe en que no llegue la hora en la que tienes que salir de ese lugar, de esa casa, de esas habitaciones, de esa cama, de ese sofá, de esos brazos, de esos labios, de ese cuerpo...

Llega esa hora y se nos nota en los ojos que no queremos decir en voz alta el puñetero "Nos tenemos que ir"... Hay un diálogo en la mirada que se repite despedida tras despedida... "No te vayas"; "No quiero irme, no me iría, pero he de irme"; "¿Por qué?"...

Y llegan las últimas miradas, las del "adiós", las del "te quiero" y el "te echaré de menos".

Llega la hora... y no quieres que Ella vea tu pena, no quieres que Ella imagine que llorarás cuando lleves atravesadas unas cuantas olas del mar, o que intentarás no emocionarte cuando los últimos islotes dejen de verse a través de la ventana.

Llega la hora... y ahora la distancia vuelve a ser la de antes, aunque el almacén de mis recuerdos vuelva más lleno.... completo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ánimo. Yo entiendo de despedidas. Sé lo que quieres decir con esos diálogos, miradas y sentimientos.