Hace un año, quería un montón de cosas que pensaba que nunca iba a tener. Había renunciado a muchas de ellas, creyendo que mi interior estaba pidiendo demasiado y que, de algún modo, yo no las merecía. Mi lista de deseos iba disminuyendo conforme iba conociendo a personas que no me daban algunas de las cosas que siempre pensé que se dan cuando se quiere de verdad. Veía tan utópico tener mi lista completa, que llegué a borrar cosas realmente básicas en el amor de pareja. Corrí el riesgo de contentarme con muy poco. Cualquier ápice de aprecio ya parecía suficiente como para seguir adelante, sin aspirar a mucho más.
Llegó a reducirse tanto mi lista, que me costaba mucho hacerla crecer de nuevo. Cualquier cosa que podía (volver a) añadir, era bajo un halo de incredulidad. No podía creer que hubiera alguien que antepusiera unos deseos comunes, a todas las dudas que las experiencias de ambas habían creado.
Algunas de las cosas que quería y que, gracias a ella, ya las tengo, se han sumado a mi lista de forma permanente. Ahora sé que existe alguien que suma y sigue, suma y sigue... y que hace un año consiguió que volviera a creer en el (verdadero) amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario