Si en mi post "Entre valientes" decía que sentía envidia de quien puede verla cada día... mi envidia ha crecido.
Y es que ahora envidio a quien puede sentir su piel, a quien puede dibujar con sus dedos el perfil de su cara, sus ojos, sus cejas, sus labios... su cuerpo.
Envidio a mi memoria por recordar sus manos, por recordar cómo me miraba, cómo dedicaba una caricia a cada parte de mi cuerpo, cómo escuchaba mi respiración, cómo me hacía reir, cómo me hacía temblar...
Envidio mi mente porque la tiene en su interior, porque se ha quedado en ella para no olvidar esos momentos de unión, de incertidumbre por si volveremos a vernos, de entrega absoluta, de subida, de bajada y de vuelta a subir.
Envidio mi boca porque en ella se ha quedado el sabor de sus besos; mi nariz porque en ella se ha quedado el olor de su cuerpo; mis manos porque han sentido el tacto de su piel; mis lágrimas que mojaron su pelo y su cara aun intentándolo evitar...
Y envidio todo lo que de mí se haya quedado en ella...
1 comentario:
Pues yo siento envidia de quien lea esto sabiendo que "va por ella".
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