
Impresiona verla al natural. Está expuesta en una vitrina que te permite ver perfectamente la obra (no como La Gioconda, que tras el metacrilato que la protege en el Louvre pierde mucha "impresionabilidad").
Entre los motivos por los que impresiona tenerla delante están: el estado de conservación (este motivo lo comparte "La Dama de Elche", que también está muy bien conservada) y el (tan mencionado) canon de belleza.
Y es que se habla mucho de los cánones de belleza. Siempre nos dicen lo que han cambiado a lo largo de la historia. Una de dos, o hemos vuelto a la época en la que Nefertiti era el modelo de belleza (sin olvidar lo de "para gustos, los colores", claro); o el caso de esta reina egipcia romperá cualquier canon de belleza que se establezca a lo largo de la historia.
Dudo que en la época en la que "se llevaban" esos rostros pálidos y redondeados de las primeras películas de cine mudo, no se consideraran bellos también los rostros morenos y marcados con cierto aire de formalidad, seriedad y a la vez serenidad, como el del mencionado busto.
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