El primer chico al que besé (o el primero que me besó - no sabría muy bien qué frase sería más correcta - ), tenía el pelo castaño, más o menos mi estatura (aún crecí y ahora soy más alta que él), era de un pueblo cercano a "DondeVivoAhora" y tenía los ojos más azules que había visto hasta entonces (fuera de mi familia, pues mi "SeñoraMadre" y tres de mis herman@s tienen los ojos azules - y ahora, seis de mis sobrin@s - ).
Era tan inocente (por no decir boba), que pensé que aquel rollo adolescente (casi infantil) de verano, duraría hasta el verano siguiente, si mantenía la (inexistente) llama del "amor" encendida gracias a algunas cartas (por entonces, aquello de los mails y los SMSs no estaban ni en las mentes de quienes posteriormente los inventaron) que le escribí durante el otoño, el invierno y la primavera entre aquel verano y el siguiente.
Recuerdo perfectamente (y con cierto bochorno), que por aquel entonces, muy acorde con mi edad, me dio por leer novelitas románticas, de las de Corin Tellado (lo que vendría a ser una Danielle Steel actual), entre otros motivos, porque me hacía gracia que fueran las novelitas preferidas de mi ahora octogenaria "TitaLuci". No recuerdo qué editorial publicaba dichas novelas, pero sí recuerdo que en la contraportada, ponían una ilustración de trazo sencillo en la que podía verse a un hombre y una mujer besándose o abrazándose. Cursi de mí, incluía al final de aquellas cartas bobas un calco de estas ilustraciones.
En el verano posterior a las cartas, "DonPrimerBeso" me mantuvo en un "que-sí-que-no" que duró más de dos meses (benditas vacaciones aquellas de edad escolar). Imagino que me tuvo en ese "estado" a la espera de alguna otra boba que se colara por el color de sus ojos o por el abdomen increíblemente bien marcado para la edad que teníamos en aquel momento (un cuerpo aniñado habría sido más lógico).
Otro dueño de ojos azules, algo mayor que el resto de l@s que formábamos aquella especie de pandilla que sólo se formaba en verano (tenía un peculiar instinto docente que le llevó a crear con arena de playa una vulva para indicarnos a un@s cuant@s "alumn@s" atent@s dónde está el clítoris... lo que recuerdo sonriente ante aquella ingenuidad con la que le escuchábamos), estuvo atento al estado de "que-sí-que-no" en el que me tuvo "DonPrimerBeso". Gracias a las pocas atenciones que me dedicó, consiguió mi dirección postal.
A los pocos días de abandonar el lugar de veraneo y volver a "DondeYoVivía", recibí una carta de "DonMaestroDePlaya" en la que me contaba qué andaba diciendo por ahí de mí "DonPrimerBeso". Ahora me reiría, pensaría que es otro idiota más de los que andan por ahí, pero en aquel momento, lo primero que pensé fue que quería recuperar mis cartas para quemarlas yo misma. Lo siguiente que pensé, fue que mi vuelta al cole iba a ser mucho menos triste que la anterior, cuando pensaba que mi amor iba a estar a 400 Kms de "DondeYoVivía".
La postdata de la carta de "DonMaestroDePlaya", imaginando cómo iba a tomarme el contenido de la misiva, decía: "Sé feliz. Es lo más importante en esta vieja piedra redonda a la que alguien llamó Mundo". Es curioso que la recuerde tan bien después de casi dos décadas de haberla leído.
Así que tengo tres cosas que agradecerle a "DonMaestroDePlaya":
1.- que me abriera los ojos ante la realidad de "DonPrimerBeso";
2.- que me escribiera aquella frase que he reutilizado para otras personas y para mí misma; y
3.- saber dónde está el clítoris mucho antes que otras chicas de mi generación...
1 comentario:
jajajaja... porque no me sorprendes?
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