Ella tiene esos ojos. Los más sinceros y los más transmisores. Nunca ocultan nada; ni los enfados, ni las emociones, ni las sonrisas, ni las penas.
Ella tiene esos ojos que me llamaron la atención desde el primer momento que los vi. Esos ojos que yo enseguida supe comparar con un mineral que da vitalidad, que levanta el ánimo, que da estabilidad.
Ella tiene esos ojos que yo no puedo ver tristes, que yo no puedo dejar de mirar, que yo no puedo olvidar.
Ella tiene esos ojos que me cuentan los secretos de su mirada, que me dicen cuánto me quiere, que me recuerdan qué ve ella en mí.
Ella tiene esos ojos que me animan cuando estoy triste y que me acompañan cuando estoy alegre.
Ella tiene esos ojos que me encanta mirar, tanto si me miran a mí, como si miran a otra parte.
Ella tiene esos ojos y tuve la suerte de encontrarlos, de enamorarme de ellos y de cómo me transmiten la belleza que hay en su interior, porque, en ella, los ojos son el verdadero espejo del alma.
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