17.6.09

Querido Juan

Ayer mi madre me dio la noticia.

Me hubiera gustado tener otra última imagen de ti. La última vez que te vi, todos te notamos que, como se dice en tu tierra, habías "dado un capuzón". Tenías la mirada algo perdida, te costaba mantener la atención, y uno de tus riñones llevaba un tiempo fallándote. De esto hace ya bastante tiempo. El suficiente como para tener que calcular cuántos mayos han pasado desde entonces.

Hace poco más de un mes, me dieron la misma noticia de mi tía L y, aunque esté feo decirlo (escribirlo y/o pensarlo), me ahogué más oyendo que te habías ido tú que cuando oí que se había ido ella... pero, es lo que dicen: "el roce hace el cariño" y a ti tuve la fortuna de verte más veces a lo largo de mi vida que a ella. Porque tú, no disponiendo de posibles, hacías por estar en cada uno de los acontecimientos que unían a mi familia, porque tú te sentías parte de ella y porque nosotros estábamos orgullosos de tener al mejor amigo de mi padre como parte de las personas impresincibles.

Recuerdo la última vez que fui a la tierra que donde naciste (la misma en la que nacieron mis padres). Se te notó la ilusión en la voz cuando te dije que iba a ir a veros a pesar de que mi padre ya no podría acompañarme nunca más. Me enseñaste, ilusionado, cómo preparabais tu hijo y tú el Domingo de Resurrección (y yo me enfadé porque alguno de mis acompañantes no mostraron respeto ante el acto tan generoso e importante para ti que estabas teniendo).

También recuerdo aquella vez en la que fui con el que entonces era mi chico y te emocionaste al enseñarme una fotografía en la que estabas con mi padre y otro muchacho (porque en lo foto erais muchachos) del que no recuerdo el nombre (si es que alguna vez lo supe), y me dijiste: "Aquí éramos unos chiquillos... y siempre nos hemos llevado bien. Nunca hemos tenido una palabra más alta que otra". Y Mari, tu mujer, tuvo que guardar la foto para mitigar la emoción.

Mi padre, como muchas personas emotivas, solía disimular cuando una emoción le embargaba. Costaba verlo llorar (supongo que tiene mucho que ver con la generación a la que pertenecéis), pero no hubo disimulo suficiente como para ocultar cómo se sintió la primera vez que os vistéis, tú vestido de nazareno y él viendo la procesión, después de su triple by-pass... y esta fue la última vez juntos...

El recuerdo que más me entristece entre todos los que tengo donde tú apareces, es cómo me desmonté cuando te vi aparecer para despedirte de mi padre, cuando él ya no podía despedirse de nadie. Me abracé a ti diciendo: "Su amigo, su amigo, su hermano"... y tú no podías hablar... y me abrazabas fuerte sabiendo que era verdad que os queríais como hermanos.

Y ahora, por asquerosas coincidencias del destino, el mismo órgano vital os ha llevado a reuniros de nuevo.

Cuando mi madre le preguntaba a mi padre si su madre y su hermana P estaban en el cielo por lo buenas que habían sido, mi padre le decía: "¿Tú dónde te las imaginas, Chatica?. Pues ahí están". Y si ser bueno (bueno de verdad) es la condición para imaginar que alguien ha ido al cielo, ese es el lugar donde os imagino ahora.

1 comentario:

SaraLaProta dijo...

Que triste Lau.. pero a la vez que bonitos sentimientos.
Me alegra leerte