En su exhaustiva búsqueda del centro, manteníamos largas conversaciones sobre lo que hacer o dejar de hacer para sentirnos bien como personas (adultas).
Él mantenía y defendía la teoría de que para que una persona se sintiera bien, debía sentirse estable. Según esta teoría, la estabilidad se conseguía en la alineación (no alienación) de tres centros básicos; uno en la mente (en el centro de la frente); otro en el sentimiento (él señalaba el centro del pecho, otr@s señalarían el corazón); y un tercero en el sexo (está claro dónde señalaba él y dónde señalarían otr@s).
Cualquier persona se sentiría desestabilizada teniendo alguno de estos centros fuera de la línea imaginaria que él dibujaba a lo largo de su cuerpo de casi dos metros.
Hablábamos sobre que algunas personas necesitan primero encontrar esos centros para después ponerlos en orden. Y en alguna ocasión comentamos que hay quien abandona la búsqueda de esta alineación porque necesita pensar que algún día encontrará a alguien que le pondrá los tres centros en línea de un plumazo permitiéndole, mientras, ir probando, ir "de flor en flor".
También hay quien mezcla un centro con otro o pasa temporadas con esta mezcla, confundiendo sentimiento con atracción sexual, o una conexión intelectual con un sentimiento, etc.
Los centros, además de alineados, deberían estar compensados, proporcionados y, a su vez, diferenciados.
Creo que el encuentro de dos personas que tengan, individualmente, sus centros alineados, compensados, proporcionados y diferenciados, ocurre difícilmente. Si añadimos que los centros estén conectados dos a dos, ¿de qué probabilidad estamos hablando?...

[ Post publicado el 18/12/08 ]